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Claves para erradicar el sentimiento de culpa tras una violación

Claves para erradicar el sentimiento de culpa tras una violación

La reforma del Código Penal para que los delincuentes sexuales no puedan ver reducidas sus penas al ser condenados por abuso sexual en vez de por agresión o violación sigue pendiente. Más allá del plano jurídico, el trato social que reciben muchas mujeres sigue dificultando su recuperación psicológica.

Las secuelas que pueden aparecer a raíz de experimentar una violación son muy diversas. Diana Lozano, psicóloga responsable del área de terapia sexual y pareja de Centro TAP. Tratamiento Avanzado Psicológico, explica que pueden “ir desde síntomas clásicos del trastorno de estrés postraumático como pesadillas o flashbacks, a una sensación de inseguridad e hipervigilancia muy agudas en situaciones que antes no la generaban, pasando por una sensación de rechazo y asco al propio cuerpo o a estímulos relacionados con la sexualidad”.

Desde el punto de vista emocional, las reacciones más habituales suelen ser experimentar culpa y vergüenza y esta es la razón, junto con el miedo a no ser creídas, “por la que muchas mujeres no se lo dicen a nadie ni denuncian la situación”.

Con el tiempo puede ir variando la sintomatología psicológica, “pudiendo generalizarse algunos síntomas a medio o largo plazo si no se atienden ni se tratan, del mismo modo que pueden ir reduciéndose y desapareciendo en los casos en los que se recibe un tratamiento adecuado”.

Factores que influyen en la recuperación psicológica

Tanto la personalidad de la mujer agredida (si tiene recursos para sobreponerse antes) como la actitud de quienes la rodean son cruciales para salir adelante después de una violación.

Circunstancias de la violación

  • Cómo fue la violación. Nivel de agresividad.

  • Si el violador es un desconocido o un conocido. A veces, si se trata de una persona conocida aumenta el sentimiento de culpa con pensamientos erróneos como “me tendría que haber dado cuenta de lo que iba a pasar” o “quizá lo he propiciado yo de alguna manera”.

Entorno de la mujer agredida

  • Si sus allegados creen o no a la mujer.

  • Dónde se pone el foco de la culpa: en la agredida o en el agresor.

  • Si familia y amigos minimizan lo ocurrido.

  • Si ocultan o no lo ocurrido o lo convierten en un tabú.

La cultura de la violación persiste

El principal problema al que se enfrentan las víctimas es que seguimos viviendo, según asevera Lozano, “en una sociedad que, aunque ha avanzado en muchos niveles, sigue teniendo muy vigente la cultura de la violación”.

¿Qué es la cultura de la violación? “El conjunto de creencias y esquemas que amparan la idea de que si una mujer es agredida sexualmente es porque se lo ha buscado de alguna manera”. Siguen siendo muy habituales preguntas como si ella bebió alcohol, cómo iba vestida, si el agresor pudo malinterpretar algún mensaje de ella o si se resistió.

Seguir planteando estas cuestiones “da a la sociedad general, y a las mujeres que experimentan una agresión sexual en particular, la idea de que ellas también tienen algo de responsabilidad cuando, por supuesto, no es cierto”, subraya la psicóloga.

Cómo y a quién contar lo ocurrido

Muchas mujeres prefieren silenciar la violación que han sufrido por miedo a no recibir el apoyo que necesitan o, incluso, sentirse rechazadas. Pero es sabido que guardarse las cosas para una misma no ayuda a salir adelante. ¿Qué hacer?

Para Lozano está claro que “el apoyo social es un factor positivo muy importante ante la adversidad y el sufrimiento”. Por eso, una mujer que haya vivido una agresión sexual “puede beneficiarse mucho de contar con personas en su entorno de las que desea recibir escucha, acompañamiento, cariño y comprensión”.

No obstante, no es menos cierto que una agresión sexual “es algo que pertenece a nuestra intimidad y, por lo tanto, tampoco es necesario que sea algo que se cuente de forma masiva o generalizada, ya que podría acabar siendo algo perjudicial”. Podría llevar a que “una experiencia concreta acabe siendo lo que define a una mujer que sin duda es mucho más”.

Acudir a la Policía o a un hospital justo después de una violación puede generar temor o hacer que la mujer se bloquee. De ahí que sea recomendable “confiar y dejarse apoyar por alguna persona de confianza del entorno para, desde ahí, no tener que encarar lo que pueda venir en soledad”.

Por otro lado, es importante conocer que existen recursos específicos para la atención de mujeres en estas situaciones. Sin embargo, Lozano advierte de que, “como en todo lo relativo al cuidado de la salud sexual y reproductiva, son escasos, repartidos de una forma irregular en función de dónde se resida y, en ocasiones, poco accesibles”.

Tanto en los lugares en los que hay dispositivos de ayuda específicos como en los que carecen de ellos siempre se puede acudir a los profesionales de atención primaria, los servicios que atienden lo relativo a la violencia de género, asociaciones relacionadas con los derechos sexuales y reproductivos, profesionales privados con una formación adecuada…

Así debe ser el tratamiento psicológico

Como en todo proceso terapéutico, conviene personalizar al máximo el tratamiento encaminado a superar las secuelas psicológicas después de una violación, teniendo en cuenta las necesidades particulares de cada mujer. Estas son las pautas más habituales:

  • Trabajar el proceso de duelo de lo ocurrido, con especial énfasis en la gestión de la culpa y la ira.

  • Elaborar una narrativa adaptativa y libre de mitos.

  • Ir reduciendo la alerta e hipervigilancia en situaciones de interacción o intimidad.

  • Trabajar desde un marco que permita a las mujeres volver a conectarse con el deseo y el disfrute de su sexualidad.

  • Restablecer una relación con sus cuerpos basada en el autorrespeto y el autocuidado.

Es habitual que la sexualidad y las relaciones de pareja se alteren tras una agresión sexual. Las manifestaciones más frecuentes son el bloqueo, el rechazo e, incluso, asco a los contactos eróticos de sus parejas, así como “la sensación de no ser normales, de que su sexualidad y sus relaciones no pueden ser como los del resto de las personas, así como agobio o culpa por cómo afecta esa realidad a sus parejas”, resume la experta. “Por eso es tan importante saber que son aspectos que con un adecuado acompañamiento y tratamiento pueden mejorar; no es necesario arrastrar secuelas negativas de forma permanente”.

Cuatro consejos personales y un mensaje social

La psicóloga expone los cuatro pasos clave para sobreponerse a los efectos devastadores de una violación. Finalmente, propone un cambio de enfoque para acabar de forma definitiva con la cultura de la violación.

Contárselo bien a una misma

Da igual cómo se haya producido la agresión sexual, una mujer que ha sido violada nunca tiene la culpa y hay que colocar adecuadamente la responsabilidad en el agresor.

Autovalidarse

Cuando una persona está en una situación en la que está siendo agredida reacciona como puede y no como quiere. A veces el miedo nos paraliza, en ocasiones podemos disociarnos como fórmula de amortiguación psicológica… No juzgarnos a posteriori es básico para poder comenzar a avanzar tras una experiencia así.

Buscar ayuda

No es necesario pasar por el proceso posterior a una violación solas, rodearse de personas, tanto amigos y familiares como profesionales, que nos puedan acompañar con acierto es muy importante.

Confiar en nuestra propia resiliencia

La resiliencia es la mejor aliada. Cuando una persona está inmersa en un mar de dolor, de angustia y de sufrimiento, generalmente no es capaz de ver más allá. “No podemos minimizar lo que supone experimentar una agresión sexual, pero sin quitarle importancia ni impacto, merece la pena no olvidar que, bajo las condiciones adecuadas, volver a conectarse con el bienestar es posible”, aconseja la experta.

Más prevención y educación

Muchas campañas de prevención de las violaciones y las agresiones sexuales siguen poniendo el foco en las mujeres. Mensajes basados en la autoprotección como “no vuelvas sola de noche”, “corre las cortinas de tu casa” o “si vives sola no pongas tu nombre completo en el buzón, solo la inicial” todavía son habituales, algo que contribuye a la cultura de la violación. El mensaje subyacente sería: si te acaba pasando, es porque no tuviste el suficiente cuidado.

En opinión de Lozano, “tenemos que sacar el foco de ese tipo de prevención y colocarlo en la educación: hablarles a los chicos y las chicas de igualdad, de buen trato o de consentimiento afirmativo son claves muy importantes que todavía no están lo suficientemente extendidas y afianzadas”.

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