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El ajolote tiene el mayor genoma del mundo y da una pista sobre sus cualidades regenerativas

El ajolote tiene el mayor genoma del mundo y da una pista sobre sus cualidades regenerativas

Los científicos ya decodificaron el genoma del ajolote, el anfibio mexicano que parece estar sonriendo, y descubrieron que tiene 32 mil millones pares de bases de ADN –diez veces más que el genoma humano–. Eso lo convierte en el genoma más grande que ha sido secuenciado en la historia.

El ajolote, que está en peligro extinción en su hábitat, ha sido criado en laboratorios y ha sido estudiado desde hace 150 años. Tiene una capacidad impresionante de regenerar extremidades amputadas, incluyendo huesos, músculo y nervios; de curar heridas sin quedar con cicatrices, y hasta de regenerar órganos internos dañados.

El ajolote puede curar una espina dorsal deshecha y lograr que funcione como lo hacía antes del daño. Esa habilidad, que no existe a ese nivel en ningún otro animal, hace que sus genes sean de particular interés.

Ahora los investigadores, con una técnica de secuenciación genética que les permite hacer el análisis y con otra que “lo revisa”, han obtenido herramientas para estudiar y posiblemente manipular los genes del ajolote.

“Las técnicas utilizadas aquí son de punta”, dijo Ryan Kerney, biólogo de Gettysburg College y quien ha publicado varios estudios sobre genes anfibios pero que no estuvo involucrado en esta investigación. “Los datos que resultaron son increíblemente exhaustivos en comparación a otros genomas, sin mencionar uno tan grande como este”.

Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.

El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra cosa.

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