Nace el premio FAHHO-CaSa “Emiliano Cruz Santiago” para reconocer y apoyar a personas que promueven sus lenguas

Nace el premio FAHHO-CaSa “Emiliano Cruz Santiago” para reconocer y apoyar a personas que promueven sus lenguas

Emiliano Cruz Santiago era un joven zapoteco de San Bartolomé Loxicha. Desde los 19 años hasta su muerte repentina a los 29 años, Emiliano dedicó su vida a la documentación, descripción y promoción de su lengua materna, el dí’zdéh. Solo y en colaboración, Emiliano llevó a cabo diversos proyectos como la recopilación de un diccionario, una colección de cuentos, una antología de creencias tradicionales, una novela, libros infantiles, un proyecto de etnobotánica, talleres de ortografía, concursos de poesía y canto y más, todo en zapoteco.

El premio FAHHO-CASA “Emiliano Cruz Santiago” busca reconocer y apoyar a personas que, como Emiliano, promueven sus lenguas de manera individual o colectivo bajo su propia iniciativa (no como parte de sus labores institucionales). Las formas de promoción abarcan cualquier iniciativa creativa, desde la producción de recursos electrónicos hasta la creación de arte incluyendo literatura y música o la elaboración de material didáctico.

El premio se abre a cualquier lengua indígena nacional o lengua minoritaria de Oaxaca.

El ganador del premio recibirá un reconocimiento y dará una conferencia en que compartirá sus experiencias con el público.

 

Semblanza de Emiliano Cruz Santiago

8 de febrero de 1986 – 17 de octubre de 2015

Emiliano Cruz Santiago creció en el rancho “El Tamarindo” del municipio de San Bartolomé Loxicha, distrito de Pochutla, estado de Oaxaca. Su lengua materna era el dí’zdéh o zapoteco miahuateco. Aprendió el español a los seis años cuando empezó a estudiar en la escuela primaria de su comunidad. Desde joven sufría de una enfermedad entonces no diagnosticada, la hipocalemia. Por los bajos niveles de potasio que solía tener por su condición, padecía ataques paralíticos que ni él ni su familia sabían cómo predecir. Debido a esto perdió más de un año de escuela, pero tenía un amor a los libros y aún cuando estaba aislado en cama siempre leía. Estudió la primaria en El Tamarindo, la secundaria en San Bartolomé Loxicha, y el bachillerato en la ciudad de Oaxaca.

Fue en la ciudad de Oaxaca a los 19 años que empezó a trabajar con la Dra. Rosemary Beam de Azcona en un proyecto de investigación del zapoteco miahuateco. Rápidamente, la Dra. Beam percató su genio. Desde el inicio de su colaboración, ya sabía términos lingüísticos como apócope gracias a su lectura sobre el griego antiguo, y los aplicó correctamente a datos del zapoteco que analizaron. También tenía un interés natural para la cultura zapoteca. Desde antes de su colaboración con la Dra. Beam, Emiliano tomaba notas sobre el ciclo ritual de 260 días que aún preservan en su pueblo. Al salir del país unas semanas, la Dra. Beam le dejó un laptop del proyecto y fue grande su sorpresa al regresar a Oaxaca: había agregado más de 600 palabras a la base de datos del proyecto, con los tonos transcritos correctamente, conjugaciones completas para los verbos y en muchos casos hasta información sociolingüística sobre modismos.

Debido a sus talentos naturales y su aptitud para la investigación, la Dra. María Isabel Grañén Porrúa le ofreció una beca para estudiar una licenciatura en lingüística en la Universidad de Sonora, donde fue asesorado por la Dra. Zarina Estrada. Después de sus dudas iniciales sobre dejar su familia temporalmente atrás, Emiliano fue a Hermosillo en 2007 donde sobresalió como alumno. En 2008 Emiliano visitó los Estados Unidos como invitado del Departamento del Estado en un programa para jóvenes indígenas universitarios de Latinoamérica. Durante su estancia en los EEUU, fue diagnosticado con hipocalemia. Como parte de este programa de la Embajada Norteamericana en México, Emiliano fue invitado varias veces al DF y conoció a Hillary Clinton, a Michelle Obama y a Margarita Zavala. Como alumno de UniSon, empezó a recopilar creencias que los ancianos de su pueblo compartieron con él. Esta colección de 589 dichos o creencias se convirtió en el libro Jwá’n ngwan-keéh reéh xa’gox–Creencias de nuestros antepasados (2010, Secretaría de Cultura del Gobierno de Oaxaca), al parecer el primer libro publicado en el zapoteco miahuateco. Cuando vino a vivir en Oaxaca, Emiliano pensaba ganarse la vida con la encuadernación, porque le encantaban tanto los libros que quería estar rodeado de libros todo el tiempo. Ahora se convirtió en autor de su propio libro.

Después de terminar su licenciatura en la Universidad de Sonora, consiguió una beca del Endangered Language Documentation Programme de la Universidad de Londres para llevar a cabo más documentación lingüística en su comunidad. Como parte de la beca viajó a Londres a recibir entrenamiento de expertos en la documentación. También participó en un proyecto del Museo Smithsoniano y la Universidad de Georgetown en Washington, D.C sobre los tonos del zapoteco. Después se fue a Santiago de Chile para un taller del Living Tongues Institute para activistas de lenguas indígenas en Latinoamérica.

Gracias a la beca del ELDP pudo quedarse en San Bartolomé Loxicha desde el 2013. Dio talleres de ortografía en su comunidad y participó en iniciativas para promover la creación de literatura zapoteca entre los jóvenes del pueblo. Además de participar en eventos comunitarios y la documentación por la que fue becado, aprovechó su estancia en el pueblo para avanzar en el trabajo del gran proyecto del diccionario que había empezado con la Dra. Beam, que ahora tiene más de 6,000 entradas y alrededor de 10,000 palabras incluyendo subentradas. Además de esto juntó los cuentos que había transcrito durante años en un volumen de casi 500 páginas, completo con traducciones y glosas gramaticales y una introducción que explica la ortografía y da un esbozo gramatical de la lengua. Todo esto había logrado a los 29 años.

En la tarde del 25 de octubre de 2015 en San Agustín Loxicha tuvo un ataque de hipocalemia, aunque al principio no se presentó con los síntomas normales. Cuando se reconoció la gravedad de su condición, se consiguió un auto y lo cargaron, bajando el cerro hasta la carretera, para ir con un médico. El primer médico no quiso atenderlo. El segundo tenía su almacén de potasio agotado y llamó a la ambulancia del pueblo, que tardaba hora y media en llegar porque estuvo fuera del pueblo en esos momentos. En la ambulancia tuvo problemas para respirar y le querían dar oxígeno, pero el tanque de oxígeno que llevaba la ambulancia estaba vacío. Falleció en la ambulancia a media hora de distancia del hospital en Miahuatlán.

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