Seis meses en el espacio tienen un efecto devastador en los huesos de los astronautas, revela un nuevo estudio

Seis meses en el espacio tienen un efecto devastador en los huesos de los astronautas, revela un nuevo estudio

El cómo afectan los vuelos espaciales en la salud de las personas ha sido una cuestión muy importante por investigar desde que los humanos comenzaron a explorar el espacio en diferentes tripulaciones.

 

En este sentido, ha sido evidente desde un principio que la gravedad reducida a la cual se someten las personas en el espacio puede tener un impacto importante sobre su salud, sobre todo si hablamos de vuelos espaciales prolongados (seis meses o más).

Específicamente sobre la salud ósea, un nuevo estudio publicado en la revista Scientific reports, acaba de revelar que, tras misiones espaciales prolongadas, los astronautas pueden experimentar una pérdida ósea devastadora, equivalente a una década (o más) de envejecimiento.

Es decir, sus huesos sufren deterioro a un ritmo acelerado en el espacio, que sería como si un astronauta de 30 años, al regresar de su misión espacial, tuviera huesos de una persona de 40 o 50 años.

¿Cómo sucede esto?

Este efecto perjudicial de los vuelos espaciales sobre el tejido esquelético ya era reconocido, aunque aún se siguen haciendo investigaciones sobre el hecho para distinguir específicamente qué tan profundo puede ser el daño, así como hasta qué punto esto se puede evitar o revertir.

Según describen los investigadores del estudio, los huesos sin gravedad pierden densidad mineral ósea y, por tanto, fuerza. Esto sucede debido a que, en un espacio con microgravedad, los huesos experimentan una disminución importante de la carga mecánica normal, lo que conduce a una pérdida sustancial de la densidad mineral ósea y el deterioro de la microarquitectura de los huesos.

Los análisis de laboratorio han evidenciado esto al detectar una alteración del metabolismo óseo; los biomarcadores de reabsorción ósea aumentan durante los vuelos espaciales, mientras que los biomarcadores de formación ósea se retrasan, lo que da como resultado una pérdida ósea neta.

¿Cómo determinaron los investigadores este deterioro acelerado tan pronunciado?

Para evidenciar este hecho, el grupo de investigadores realizó un seguimiento de 17 astronautas examinando la fuerza, la densidad y la microarquitectura ósea de las muñecas y tobillos en cuatro momentos diferentes: antes del vuelo espacial con una duración desde cuatro a siete meses, al momento de regresar a la Tierra y después de seis y doce meses.

Para realizar esto utilizaron tomografía computarizada cuantitativa periférica, que se distingue por ser la técnica con la más alta resolución de imágenes para evaluar la salud ósea.

Debido a que el daño en los huesos varía según los sitios esqueléticos, se observó un mayor efecto en los huesos de los tobillos, como en la espinilla, en comparación con los de la muñeca, quizás porque estos tienen una menor carga mecánica de manera normal.

Además, los astronautas que habían pasado menos de seis meses en el espacio, después de un año en la Tierra, presentaron una mejor recuperación, aunque esta seguía siendo incompleta. Por su parte, los individuos con un vuelo espacial más prolongado tenían un deterioro permanente en sus espinillas equivalente a lo que se experimentaría en varias décadas en la Tierra.

Aunque no todo es tan malo, ya que también indican los autores del estudio que esto podría evitarse, al menos en cierta parte, mediante el aumento de los ejercicios de levantamiento de pesas en el espacio, lo cual podría contribuir a aliviar la pérdida ósea por la microgravedad.

Finalmente, indica el coautor del estudio, Steven Boyd, para ScienceAlert que «cuanto más tiempo pasas en el espacio, más hueso pierdes. Esto es una «gran preocupación» para futuras misiones planificadas a Marte, en las que los astronautas podrían pasar años en el espacio. ¿Seguirá empeorando con el tiempo o no? No lo sabemos. Es posible que lleguemos a un estado estable después de un tiempo, o es posible que sigamos perdiendo hueso. Pero no puedo imaginar que sigamos perdiéndolo hasta que no quede nada».

por ensedeciencia.com

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