
El recorrido, que partió de la Basílica de la Soledad, destacó la riqueza artística y el legado cultural que mantiene viva la identidad oaxaqueña
Durante el trayecto, cofradías y hermandades portaron estandartes bordados en hilo de oro y plata, así como relicarios que custodian imágenes sagradas de profunda devoción popular
Esta tradición, que data de la época colonial, no solo representa un acto de fe, sino también un testimonio vivo de la historia de Oaxaca, donde cada pieza exhibida narra siglos de sincretismo, arte y resistencia cultural
Las expresiones artísticas, la música sacra y el respeto por los rituales ancestrales convirtieron cada paso en un encuentro con el patrimonio intangible que distingue a la capital oaxaqueña.
Con este tipo de manifestaciones, Oaxaca fortalece el orgullo de sus comunidades y proyecta al mundo su riqueza histórica, invitando a propios y extraños a vivir una experiencia que trasciende lo religioso para convertirse en un homenaje a la memoria colectiva.